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22 de Julio 2009 9:33 AM

Cartas desde Las Vegas VI

Por Juan Manuel Pastor

Epitafio

"Aquí yace un pobre fish, cuidado que resbala". Algo por el estilo pondré en la lápida de mi tumba el día que quien quiera que sea me llame a su presencia, esperemos que no antes de haber liado alguna gorda por esos mundos de dios. El evento principal de las World Series of Poker (WSOP) ha sido un "pedacho" de torneo con una estructura increíble que me ha dejado un amargo regusto a bilis; una sensación a resaca de pacharán. Por primera vez en la historia y sin que sirva de precedente, contaré alguna de las manos en las que me he visto involucrado en el transcurso de las jornadas que duro mi andadura. Ya saben/sabéis que soy bastante reacio a contar batallitas del naipe, cual abuelo Cebolleta de tres al cuarto: "Los lanceros bengalíes se acercaron por la colina y, entonces, salió en el river un diamante y me...". Hay dos cosas que me ponen especialmente de malas pulgas -he querido decir hostia, perdón-. La primera es que me deseen "buena suerte". No me digas eso, ¡carajo! "Juega bien". "Dales duro". Deja la puñetera fortuna en un rincón y no la invoques. La otra es que me anden contando jugaditas. ¡Qué tostón! Y saben por qué. Porque no aporta nada. "¿Cómo?". Sí, nada. Me explico. El poker es cómo la química, dependiendo de la cantidad y de la mezcla sale una cosa u otra con las mismas sustancias. Hay que considerar todas las variables, y esto nunca se hace en el poker. Se cuentan como si dos más dos fueran cuatro; cual ciencia matemática. Y no es así. H2O es agua; pero H2O2 es agua oxigenada. Y las dos son hidrógeno más oxígeno.

"Tenía un as y un rey de tréboles y el tipo me vio con una dama y un cinco de diamantes, y le salió el cinco y me tumbó...". Preguntas antes de los lamentos: ¿Cuántas fichas tenías tú y cuántas él?; ¿era un jugador conservador o agresivo?; ¿cuál era tu posición en la mesa?; ¿y la suya?; ¿habías tenido algún encontronazo con él antes?; ¿habías hecho algún comentario en alguna mano en la que estaba envuelto?; ¿había recibido algún bad beat en alguna jugada anterior y estaba caliente?; ¿se levantó de la mesa por una llamada de teléfono y volvió descentrado?;... Estas son unas pocas cuestiones que se me ocurren a bote pronto. Hay muchísimas más. Todas pueden ser factores que modifiquen el resultado de la fórmula y el estudio de la mano. Las jugadas están envueltas en una serie de circunstancias, algunas de ellas intangibles, que escapan a nuestro control y salen fuera de toda lógica. Eso hace a cada jugada única. Ya el naipe es ilógico, cuanto con todo esto... Vamos ahora con las WSOP. Al tajo.

El primer día tuve un par de enganchones -favorables al menda lerenda- de dos ases contra dos reyes. En el primer nivel recibí los cohetes cuando llevaban transcurridos unos noventa minutos. Andaba yo en la gran ciega cuando María Maceiras sube under the gun a 300. Paga otro jugador, y yo resubo a 1.200. La galleguiña lanza hasta 4.000. Decido ponérselo clarinete y salvarle el pellejo envidando mi resto. Cualquiera que me conozca un mínimo sabe que en ese nivel con esas circunstancias si no tengo ases no hago eso ni con dos botellas de absenta en el body. Sabía casi con certeza absoluta que su mano eran dos reyes, y no me digan por qué tomé la decisión de no hacer daño. ¿Error? Sí, pero parece que sigo teniendo corazón. Pequeño, pero algo queda. Si me quedo al quiero y sale un flop bajo o similar pierde hasta el apellido. Un par de robos y una buena mano en la que engancho muchas fichas al pillar a uno con dieces y a otro, de nuevo, con reyes hacen que finalice el día con el doble de puntos de cómo lo empecé.

Llegamos a la segunda jornada y me colocaron con uno de mi generación, Amarillo Slim. Y aquí vino mi único "triunfo" en las WSOP: poner en la calle a un tío de 89 años. Una leyenda, eso sí, pero 89 tacos y de vuelta de casi todo. Victoria pírrica. La cosa fue como sigue. Llevaba varios niveles robando a mansalva cuando venía una mano subida y me encontraba en la ciega grande. En una de esas, Amarillo "limpea" en primera posición -solía hacer esto casi siempre- y le siguen otros dos jugadores. Cuando me llega el turno, aviso: "ya sabéis lo que toca ahora". Entonces, subo la mano cuatro veces el valor de la ciega grande; mas en esta ocasión con dos joticas. El único que me sigue es Amarillo Slim. Sale un flop con cartas pequeñas y paso, sabiendo que el tejano va a empujar sus fichas con cualquier mano si detecta una presunta debilidad por mi parte, ya que esto mismo lo había hecho varias veces con anterioridad. Lo previsto se produce y veo al instante. ¡Documentación, caballero!: as-nueve de diamantes, con dos diamantes en las tres primeras comunes. La verdad es que la cosa estaba más pareja de lo que yo imaginaba. Salen dos que no le sirven y lo dejo fuera. Dudoso honor. Se despide con un "take it easy, boys" y un gesto como si disparara a la mesa. Un personaje. El final del día fue dantesco; perdiendo todos los botes en los que me metí y, como colofón, 10-10 contra as-rey: me pincharon un as en el river. Acabo por debajo de la media y con malas sensaciones.

El día siguiente fue nefasto. Las veces que cogí una mano fuerte (en dos ocasiones, damas) me la volaron por los aires. Llegué agonizando al final del tercer nivel y me dieron as-jota de picas, con 24.000 puntos y las ciegas ¡800-1.600! Un tipo con 160.000 fichas pone hasta 4.000. ¿Qué hacer? Dado que el sujeto subía con cualquier carta y casi seguro que me pagaba antes del flop decido ver y, si aparece un as, una jota o un proyecto, ir con todo. Si no salen las mías, me quedo con 20.000 por detrás y un solo disparo, más bien tirito. El crupier coloca en la mesa 9-J-Q multicolor, y el canalla sube a 7.000. Envido mi resto y paga sin pensar un segundo. ¿Por qué? Porque tenía máxima: K-10. Punto final.

6 de Julio 2009 2:37 PM

Cartas desde Las Vegas V

Por Juan Manuel Pastor

Bona fortuna

Queridos todos:

A buen seguro que no he tenido momento de despitote mayor en la larga semana que llevo de eremita en esta tierra desolada como con lo que les voy a contar seguidamente. Y es que el destino quiere en ocasiones obsequiarnos con instantes que valen su peso en oro, aunque bien es cierto que, desde luego, el tiempo me está costando aquí el vil metal, pues la diosa Fortuna se está encargando de recordarme paso por paso que es voluble y caprichosa -cual Paris Hilton- e incrementa su castigo con este pobre siervo de las cartas de manera inmisericorde. Algún hijo de cien chacales se ha encargado de echarme mal de ojo o similar, y la verdad es que le está funcionando. Pero no os/les contaré mis jugadas batidas ni las increíbles situaciones que como un barón de Munchausen del naipe he sufrido en mi vía crucis particular en Las Vegas, que para narrar penas y demás ya están otros. Vamos con sucedidos que nos hagan pasar un rato agradable. Como las sevillanas, aquí va la primera.

Andaba yo sentadito en una mesa escoltado por un italiano de Nápoles -léase Gomorra de Saviano- y otro de la península de la bota, mas residente en Nueva York desde hace muchos años. El de Nápoles -de nombre, Gaetano- estaba ligando bien y ganando, cuando el otro se levantó para ir a comer algo -luego iba a volver- y le dijo "bona fortuna". La mirada que le lanzó el napolitano fue como para fulminarlo. A partir de ese momento, el primero perdió lo ganado, lo no ganado, lo sacado, lo metido, lo prestado y hasta el pasaporte. A la media hora retornó el neoyorkino y Gaetano casi lo mata. "Cómo me puedes decir buena fortuna, a mí, ¡a un napolitano!". "¡Eres un imbécil, vete a tomar por culo!". Todo esto aderezado con gestos, gritos y demás. Los presentes no podíamos parar de reír. Explicación: no se desea "bona fortuna", ya que esto es gafe.

La segunda me la han contado y es cierta ciento por ciento. Además, conozco al protagonista, ya que suele estar por las tardes jugando en el Venetian. Parece salido de una peli de Santiago Segura: escuálido, consumido, piel requemada por el sol, de unos 60 años, medio calvo y con melena gris. Viste camisa hawaiana y pantalón vaquero corto. Pues bien, a eso de las ocho de la mañana en uno de los múltiples tugurios que adornan la ciudad 24/7 unos cuantos españolitos que andaban de juerga flamenca tras botellón in the room se sentaron en una partida que había de límites bajos para pasar un buen rato, ya que andaban turundunderos. Y allí paraba el figura. En una de esas pidió una hamburguesa, y, cuando se la sirvieron, tan grande era su melopea que, en lugar de comer lo pedido, se metió unas fichas en la boca y comenzó a zampárselas. El tamaño de la trompa del susodicho era tal calibre que se confundió de "alimento". Se pueden imaginar el cachondeo. Ante los gritos de "que te estas comiendo las fichas, tronao" el tipo se dio cuenta y, tras unos instantes de duda, se las sacó. Entonces, vino un empleado -bendito de Dios- y con un pañuelo de papel las limpió y se las devolvió. Lo que no sé es quién tuvo huevos de ganárselas, no por el hecho, sino por el rebozado.

Otro par de perlas cogidas de las teles gringas. La primera, un concurso de devorar, que no comer, perritos calientes. Lleno de chinitos y chinitas flacas como pértigas en el que un tío de Wisconsin batió el record del mundo y se zampó más de ¡sesenta! No vean ustedes la cantidad de público que veía el espectáculo entre cómico y asqueroso de treinta presuntos seres humanos puestos en fila alimentándose como bestias de carga. El patrocinador, Heinz.

La que viene ahora es tragicómica. Un antiguo jugador de la liga profesional de fútbol americano, Steve McNair, ha muerto tiroteado en Nashville junto con su amante. Dos tiros en la cabeza y otros tantos en el pecho. Declaración oficial del sheriff del condado: "Parece que ha sido un homicidio". No, lumbrera, se ha suicidado y se ha metido cuatro balas en el body. "Aquí hay colillas, aquí han fumao", que dijo el otro. ¿Por qué no preguntas al marido de la amante? Y eso que no he estado en la academia del FBI en Quantico. Esto es lo que hay; así va el mundo.

4 de Julio 2009 1:37 PM

Cartas desde Las Vegas IV

Por Juan Manuel Pastor

Las venecianas

Queridos todos:

Como es bien sabido, la amplia oferta cultural que ofrece Las Vegas incluye visitas guiadas a locales donde señoritas ofrecen una serie de servicios de masaje que van desde las manos hasta otras zonas del cuerpo más agradecidas. Pero vamos a dejar de lado estos centros de ocio y esparcimiento -sobre todo esto último- y a fijar nuestra casta, pura y no maliciosa atención en las camareras y demás damas que encontramos en los diferentes hoteles, casinos, restaurantes, discos y demás garitos de esta bendita ciudad. La verdad es que la densidad de maciza por metro cuadrado en esta parte del desierto de Mojave es alta. De todo credo, raza y condición, y alguna, espectacular. A destacar que los fines de semana el prototipo anglosajón de rubia con ojos azules se engancha unas merluzas, que ríanse ustedes/vosotros de un pub irlandés en Kerry. El final de la noche es ser arrastrada por las amigas que mejor se mantienen en pie a la habitación a dormir la mona.

Pero vamos al grano. De los varios casinos que he visitado, sin duda, y por goleada -como España antes del gatillazo con los USA-, ganan las camareras del Venetian. La más fea de ellas sería miss Portugal. Algunas son auténticas bellezas. Hay una mexicana que atiende al nombre de Rosa, que merece una ranchera, y hasta un corrido. Y lo que quiera ella que le canten. No sé que demonios hace aquí y no desfilando en Milán. Una morenita de Barbados llamada Joe es la típica mujer por la que perderías la cabeza, si es que la tienes. Yo tengo suerte, ya que la perdí hace años. Así que me salvo. También está Myasu, con sangre vietnamita y checa al cincuenta por ciento. No doy más detalles y se lo dejo a su imaginación. Si bien las hay más o menos bellas, que de todo hay en la viña del Señor, en su mayoría son simpáticas y con la sonrisa a flor de piel. Además tienen una especial habilidad para ir cargadas con una bandeja de bebidas a tope y sortear obstáculos sin que la cosa se venga abajo. Y toditas embutidas en una especie de corpiño con minifalfa.

Bueno me bajo a la sala de póker, por supuesto del Venetian, a echar unas manitas. Y ya que tengo menos futuro con el naipe que una gallina en Haití o Zapatero en Wall Street, por lo menos veo a Rosa y a Joe y a Myasu. Té, mucho té con limón, que es amargo como una garimba y no te nubla la mente.

Que me perdonen las lectoras por no hablar de los macizos, pero es que de tíos, por el momento, no entiendo.

3 de Julio 2009 11:46 AM

Cartas desde Las Vegas III

Por Juan Manuel Pastor

Nosferatu

Queridos todos:

Ese fue el título de la primera peli de terror de la historia. Nosferatu es el nombre que recibe el vampiro protagonista. Pues bien, la vida que lleva el conde Orlok, que así se llama el maldito, es parecida a la mía. ¿Por qué? Descanso de día y vivo de noche. Pastor, es usted un golfo. No. Es el puñetero jet lag, que como buen acreedor, no me lo quito de encima. He probado la solución final: cervezas a gogó y a dormir la trompa. Nada. Funciona de momento, pero a la larga es peor. Lo que más abunda en las diferentes salas de poker de por aquí son las ojeras. Zombis que vagan de un lado a otro con cara de estar hechos una porquería. Eso de "belleza natural" de Dove, aquí, no funciona. Creo que me estoy transformado, ya que huyo de la luz, no tolero el gazpacho y empiezo a sentir un nosequé y un queseyó cuando veo un crucifijo. Cada vez me atrae más la arteria carótida de las doncellas, cuando antes lo que me llamaba la atención eran otras zonas. Más detalles, visto de negro riguroso y he empezado a balbucear palabras en rumano espontáneamente.

Otra cosa que prolifera son los listillos, generalmente por parejas o incluso tríos. Ojo avizor cuando se siente alguien de ustedes vosotros en una mesa de cash y atentos a gente que no digo que jueguen compinchada, pero sí enamorados. Vamos, que se quieren y se respetan. ¿Me entendéis? Vamos, que nosotros somos el pichón y ellos la parejita de águilas de Harris; que me ha dicho mi amigo Ernesto Serrano, experto cetrero, que son las únicas rapaces que cazan en grupo. Pues estos pajaritos, lo mismito.

Otros especímenes con los que hay que tener atención suprema son los orientales. Cuando yo era chiquillo, que ya tengo más años que la orilla del río, recuerdo una suerte de coplilla que decía: "Los chinitos de la China, cuando no saben que hacer, tiran piedras a lo alto y dicen que va a llover". Pues bien, como los tiempos cambian que es una barbaridad, ahora lo que hacen no es tirar piedras a lo alto, sino fichas en el centro de la mesa de poker. Y no vean las que preparan. Es más difícil ganar a uno de estos que a Phil Ivey. Son duros como diamantes. Por hoy, os dejo. En la próxima haré un especial sobre las titis del lugar, que merecen capítulo aparte. Me voy a meter en el sarcófago, que comienza a salir el astro rey.

30 de Junio 2009 11:08 AM

Cartas desde Las Vegas II

Por Juan Manuel Pastor

Calentamiento global

Queridos todos:

La cosa se pone calentita por estas tierras ya de por sí ardientes: se pueden alcanzar los 45-46 grados Celsius, que no Fahrenheit. La sala del poker del Venetian anda con una media de un par de trifulcas por día. La más gorda la protagonizó ayer un jugador en un torneo. Pasadas unas ocho horas de juego el interfecto se ve metido en una situación con otro de los participantes en la que parece que obra de modo digamos que entre pillo y fraudulento. Los restos de ambos contendientes están en el centro de la mesa. Tras veinte minutos de deliberaciones de la dirección del evento al susodicho no le gustó la decisión, y no se le ocurrió otra cosa que poner la mesa patas arriba y esparcir por la sala las fichas de todos los puestos. "¡Seguridad!". Lo sacan de la sala como se merece, es decir, con mucha mano izquierda -en boxeo se llama "jab"-, y el campeonato se detiene durante una hora -que aprovechan que sea la de la cena- para revisar las cámaras y colocar el número exacto de puntos en cada puesto.

Este efecto invernadero que calienta al personal está también afectando al menda lerenda, y no lo digo por las camareras del local, que harían lo mismo que Jesucristo con Lázaro. Las partidas de cash siguen yendo bien; pero los torneítos de lo que pone la gallina son una auténtica pesadilla. El último de la fila ha sido el de 3.000 dólares de entrada texas hold´em sin límite triple oportunidad -el nombre es más grande que la cara de Madof-, en el que, tras penar durante diez horas y quedar 180 de más de 800 participantes, tuve el dudoso honor de ser eliminado por Antonio Esfandiari. Y que conste que me da lo mismo que me eche Esfandiari o La niña de la Puebla. Lo que me fastidia es que me boten. Que me larguen. Que me dejen fuera. Ligo menos que Freddy Kruger. No consigo coger naipe cuando el torneo entra en el momento que hace falta ligue y suerte. Bueno, no desespero. Este negocio es así. Todavía tengo tres tiros: el short-handed (mesa corta) y el evento principal. El tercero me lo pego en la sien. Honor samurai.

Por lo demás, la ciudad sigue maravillosa, como siempre, con una mezcolanza de sujetos que sigue sorprendiéndome, casi tanto como las melopeas que se enganchan las yanquis los fines de semana. Eso de "drinks, coctails" gratis funciona. La vida continúa y el jet lag también. Llevo vida de bombero. Hasta la próxima.

27 de Junio 2009 6:56 PM

Cartas desde Las Vegas

Por Juan Manuel Pastor

La mujer del diente de oro

Queridos todos:

Tras un viaje de casi 20 horas entre vuelo, escalas y demás transiciones aéreas llegué a la ciudad de promisión de este humilde siervo del Señor. He visitado ya unos cuantos lugares del orbe, y mi preferido es este; será porque me gusta la vaina del póker, que diría un amigo mío venezolano. He vuelto a The Palazzo, una maravilla de hotel a un precio que te da la risa si ves la habitación. Aunque bien pensado, a mí qué demonios me esta importando si yo me quedo sólo para dormir. No puedo disfrutar de los 60 metros cuadrados, con tres plasmas y fax...

Bueno, el caso es que, como siempre por estos lares, acudo raudo a la sala de póker del Venetian, y el paraíso del jugador se abre ante mis miopes ojos: mesas y más mesas abiertas las 24 horas del día y con límites y modalidades para todos los gustos. Además, una serie de torneos diarios con una estructura maravillosa y precios asequibles a cualquier bolsillo. Ciertamente, estoy aquí para jugar una serie de eventos de las World Series of Poker (WSOP), que se celebran en otro lugar, el Río, pero la atracción por el lado oscuro, las mesas de cash, es demasiado intensa (poner aquí música de La guerra de las galaxias). Siempre he creído que el mejor póker está en el cash game, sin factores externos que en cierta medida impulsan y amplifican el factor suerte, sobre todo a corto plazo, cosa que sucede en los torneos por su propio funcionamiento, en especial por la subida paulatina de ciegas. Emoción, a raudales y suerte, por arrobas. Pero me voy a dejar de teorizar, que poco o nada me gusta, y voy a contaros sucedidos de estas tierras.

Sabéis -en estas epístolas, en contra de mi costumbre, os trataré de tú- que sobre los descubridores de la tumba de Tutankamón, Howard Carter y su mentor, Lord Carnavon, cayó una maldición. Cuando al bueno de Howard se le ocurrió entrar en la estancia tapiada, conocida como tumba KV62, una leyenda maldecía a los que profanaran el lugar. A lo largo del tiempo, varios de los participantes en la expedición fueron muriendo en extrañas circunstancias. Yo sigo muriendo en extrañas circunstancias, llamadas "bad beat", cuando llevo dos ases en un torneo. Me apunto a uno de 2.000 dólares de entrada, con 500 participantes y más un cuarto de kilotón para el primero. Cuando quedamos casi 150 y tengo un poco menos de fichas que la media engancho American Airlines (dos asazos) en el botón. Subo antes de las cartas comunitarias, y la pequeña ciega me envida por un resto que es un poco más que el mío. Se trataba de una jugadora brasileña, practicante de voley playa. La señorita en cuestión tenía dos damas, entre otras muchas cosas bien puestas, y al bueno del crupier no se ocurre otra cosa que tirarle una escalera. Como siempre en estos casos, me voy hecho un puma y refunfuñando. Al menos perdí contra un bombón.

Pongo rumbo directo al cash. Y aquí, tocando la bola, como la Roja -¿cómo nos pudieron ganar los americanos?-, me resarzo y encuentro mi juego. Unas notas sobre la mesa y para vosotros: cuidado con los que llevan gorrilla, generalmente hacia atrás; ojito con los que lanzan las fichas con particular pericia y maestría; atención máxima a los de origen oriental y, por último, informaros de las reglas del lugar para no sufrir sorpresas.

Para terminar por hoy, en mi partida tenía a mi izquierda una chinita que tenía más fichas que los Juegos Reunidos, amén de un tacazo de billetes de 100 dólares (aquí se puede tener dinero en la mesa). Además del pelotón yanqui, éramos el menda lerenda, un suizo y un alemán. Pues bien, ella nos pregunta nuestro origen y saca esta conclusión: "Suiza, Rolex; España, zapatos; Alemania, coches". La criatura en cuestión lucía un diente de oro, un peluco del mismo metal y tenía no más de 25 años. Además, jugaba como los ángeles. Peló a la mitad. Mañana, más.

22 de Junio 2009 12:20 PM

Estrellas que no se estrellan

Por Juan Manuel Pastor

Llegados casi al final de la presente temporada de PokerStars: estrellas en juego, el programa que se emite en la madrugada de los miércoles en Antena 3 alternando con las mesas finales del European Poker Tour (EPT), es el momento de hacer una pequeña reflexión acerca del comportamiento, en términos de póker, de los invitados al espacio. Lo que más me ha llamado la atención, aunque no sorprendido en exceso dado quiénes eran, ha sido la increíble capacidad competitiva de algunos de ellos; el deseo de ganar, aunque no hubiera nada en juego; la atención a las reglas y mecánica del texas hold´em, "para no hacer el ridículo".

Un caso que no olvidaré jamás fue el del campeón de golf, Sergio García, que tras un enganchón que le costó un tropel de fichas, se aferró a la mesa esperando una oportunidad para poder doblarse, sufriendo, sin darse por vencido. Esta capacidad agonística, esta disciplina, este afán por la victoria es una lección que todos nosotros debemos tomar de ellos, para así progresar en nuestro juego y conseguir algún día, esperamos más temprano que tarde, que los éxitos alfombren nuestro camino. Gracias a varias de nuestras estrellas por enseñarnos esto.

20 de Junio 2009 11:03 AM

Sigue la polémica 2-3 vs 2-7

Por Juan Manuel Pastor

Parece que la réplica de Andrés Moll no le ha hecho mucha gracia a Teógenes Torres (a partir de ahora, alias TT). Aquí dejo sin quitar ni añadir una coma la contestación de TT:

"Que tendrá que ver la velocidad con el tocino es lo que me pregunto cuando leo lo que el señor Andrés Moll afirma acerca de mis conclusiones respecto a las probabilidades del 7-2 vs 3-2.

Don Andrés, le dire que aquí no hay ninguna polémica, simplemente ocurre que 7-2 son mejores que 3-2. He hecho los cáculos y me da que ganan más veces que 3-2. Me dice que los supuestos están equivocados, ya que no existe ningún jugador que vaya el 100 por cien de las veces. Yo creo que salvo usted no hay ninguno, pues siempre va con 3-2 y 7-2, así no me extraña que pierda usted tanto con el 7-2.

El hecho de que aparezca sobre un número determinado de combinaciones el 7-2 con menos probabilidades que el 3-2 es debido a que estas poseen un número reducido de cartas inferiores al 7, con lo cual este deja de tener ciertas probabilidades.

Me asegura que lo correcto hubiera sido establecer los valores de estas cartas para rangos más normales de juego, del 15 al 30 por ciento. Si me dan un rango de jugadas del 20 por ciento, según sus datos, yo ganaria con el 7-2:

27,433 x 0,2 x 2 = 10, 9732 fracciones +
80 x 1 = 80 fracciones.

Por tanto, 90,9732 / 2 = 45,4866%, y no el 27,433 que usted indica.

Así que me parece que esos softwares de los que me habla y en los que se apoya no los voy a tomar en consideración. Me conformaré con leer revistas o vídeos de poker para acabarme de ilustrar.

Don Andrés, usted se pregunta que dónde está el error: yo creo que se encuentra en que usted debería jugar a la lotería y no al poker."

17 de Junio 2009 8:24 AM

4-1

Por Juan Manuel Pastor

Como muchos de ustedes/vosotros saben, además de la Copa Confederaciones 2009 se está disputando el Campeonato Nacional Pokerstars. Y dirán los que me lean: "Este tío ya se ha vuelvo definitivamente majara; qué demonios tiene que ver lo uno con lo otro". Pues nada; pero me he decidido a escribir esto después de ver el partido de España con Nueva Zelanda. El repaso de la roja a los kiwis fue de órdago (dícese "all in" en inglés). Un inciso, ellos nos lo darían al cubo en rugby. Pues el mismo recital es el que están dando los clasificados a tráves de internet a costa de los "presenciales". Me explico. Hay dos maneras de clasificarse para el Campeonato (se emite en La Sexta todos los sábados de madrugada): bien a través de los torneos clasificatorios diarios que hay en PokerStars, bien participando en el mensual que se celebra los primeros jueves de cada mes en el Casino Gran Madrid en Torrelodones.

Por tanto, tenemos en cada una de las nueve rondas eliminatorias tres jugadores que vienen del mundo virtual y otros tantos que proceden del real. Hasta el momento se han disputado cinco y el resultado... 4 a 1 a favor de los chicos del ratón.

Una posible explicación es que el formato es una especie de sit & go que creo que los que vienen de internet están más acostumbrados a jugar y tienen más experiencia en estas lides. Lo peor que están haciendo los "presenciales" es tomar decisiones en las fases postreras de la partida. Se muestran medrosos y conservadores, y con las ciegas subiendo como la espuma eso les cuesta la eliminación.

Veremos como se desarrollan las cuatro que restan, aunque visto lo visto la feria virtual seguirá, para escarnio de los "hombres del vivo", que bien harían en espabilar si no quieren convertirse en la Nueva Zelanda del campeonato.

15 de Mayo 2009 9:15 AM

2-7 vs 23... ¡Más madera!


Por Juan Manuel Pastor

Recibo lo que sigue de un amable aficionado al póker, en concreto de Andrés Moll Durelli, que refuta las conclusiones del bueno de Teógenes Torres con respecto a la "polémica" 2-3 vs 2-7. Ni quito ni pongo rey y dejo intacta la misiva de Andrés. Allá va.

Probablemente sea un error por no haber controlado correctamente lo que le han pasado, y no propio. Me refiero al artículo sobre 2-7 y 2-3 como peores manos del poker. Está claro que los valores calculados han sido hechos por un jugador de black jack, su amigo el tal Teógenes Torres; alguien que haya jugado al poker alguna vez no puede cometer semejante equivocación.

¿Cuál es el error? Las pérdidas y ganancias han sido establecidas considerando el "equity" de cada mano contra un jugador "random". Esto es claramente una equivocación, en mi humilde opinión, puesto que no existen en la realidad jugadores que juegan 100% de sus manos. Por lo tanto, lo correcto hubiera sido establecer los valores de esas cuentas para rangos más "normales" de juego. Digamos 15, 20, 25 ó 30%. Tome Equilator o PokerStove o cualquiera de los softwares que hacen ese tipo de cuentas y verá que 2-7 es peor que 2-3.

Ejemplo: 27o contra 20% tiene un "equity" de 27.43% y 23o contra 20% tiene uno del 28.65%

Resumiendo, las cuentas están bien, los supuestos son equivocados. Deduzco que su amigo Teógenes Torres debe saber mucho de matemáticas, pero poco de poker, y de ahí habrá surgido el error.

Le dejo a continuación una serie de cálculos a fin de mostrar mejor lo que le comentaba anteriormente.


Rango
27o
23o

5%
18.338%
20.443%

10%
24.341%
25.490%

15%
26.548%
27.373%

20%
27.433%
28.652%

25%
28.305%
29.131%

30%
29.079%
29.540%

35%
29.159%
29.836%

40%
29.430%
30.048%

45%
29.737%
30.284%

50%
29.799%
30.480%

55%
30.086%
30.618%

60%
30.153%
30.755%

65%
30.437%
30.886%

70%
30.541%
31.004%

75%
30.884%
31.124%

80%
31.236%
31.294%

85%
31.854%
31.458%

90%
32.688%
31.713%

95%
33.355%
31.871%

100%
34.584%
32.303%