Por Juan Manuel Pastor
¡Madre mía! Cómo anda de revuelto el patio, el gallinero o la corrala -mas bien esto último- del póker patrio. Salimos de guatemala y nos metemos en guatepeor. Se empezó hablando de timbas y se acaba deseando tumbas. ¡Qué pena! Resulta que tras muchas lunas de travesía por el desierto, ahora que el naipe en forma de pica ha dejado atrás su antiguo estigma y comenzamos a ser tratados y vistos por la sociedad como seres normales y no como unos enfermos, de color rojizo, olor a azufre, con rabo/cola y cuernos -omito chiste fácil-, vamos y entre nosotros nos ponemos a la altura del chapapote. El póker sale de las catacumbas, y los conversos no son llevados a la arena, para goze el populacho. Se acabó terminar despedazados por fieras o gladiadores ajenos; mas no por propios...
Antiguas cuitas de pasadas pendencias salen a la palestra y convierten en un lodazal de gorrinos el mundo virtual de los post, blogs y demás términos anglosajones que tan poco me gustan. Y digo yo -como dice mi anciana abuela-, por qué no dejamos de proyectar esa imagen de cuadro de Goya. Y no me refiero a La maja desnuda o El quitasol, sino a Caníbales preparando a sus víctimas o Los desastres de la guerra. El póker debe ser divertimento; no, un drama, que para eso ya tenemos la cruda realidad y a los zipizapes y marianicos de turno.
Elevemos nuestros corazones y alegrémonos por los recientes triunfos, casi semanales, de los españoles en los torneos virtuales. ¡El domingo es nuestro! Se acabó el tiempo de las citas al amanecer en las tapias de los cementerios -y lo dice un antiguo duelista-. Es hora de jugar un Sunday. Nos vemos en la pantalla.








