El Duque, el Chico y Amarillo
Por Juan Manuel Pastor
Según contaba Pilar Wayne, mujer del más vaquero de todos los vaqueros, el Duque pasó una vez toda la noche jugando al póker con el adiestrador de Pal y de otros animales de cine. Y dirán ustedes quién diantres era Pal, pues la primera Lassie de la pantalla. John Wayne ganó todos los perros. Al día siguiente, su rival estaba desolado, ya que había perdido su modo de ganarse la vida. Después de partirse de risa, el Duque le devolvió los canes.
Stu el Chico Ungar, uno de los mejores jugadores de la historia del póker, fue invitado a jugar en Dubai contra un jeque que quería darse el capricho de enfrentarse al más grande de su tiempo. El árabe voló en persona a Norteamérica en su avión privado para recoger a Ungar. En el jet decidieron empezar con la timba. Cuando arribaron a la Península Arábiga, el jeque había perdido un millón de dólares y ¡la aeronave!.
Amarillo Slim es bien conocido tanto por ser uno de los históricos del póker como por uno de los más grandes jugadores del siglo XX. Podía apostar sobre cualquier cosa. En cierta ocasión lo hizo con Bobby Riggs, campeón de Wimbledon. El reto: Amarillo decía que podía vencerlo en una mesa de ping-pong si le dejaban elegir las palas. Cuando llegó el día, se presentó con dos planchas: había practicado durante meses. Derrotó a Riggs. Repitió con un grupo de apostadores de Tenesee, que estuvieron entrenando durante semanas con el campeón del mundo de tenis de mesa. Evidentemente, con planchas. La fecha señalada, Slim apareció con dos botellas de Coca Cola vacías, y ganó.










