Como la mayoría de vosotros sabéis, las oficinas de PokerStars se encuentran en la isla de Man, en el Reino Unido. Hace poco, un oficial de policía de la isla se encontró a si mismo en el punto más alto del planeta – con una pequeña ayuda de PokerStars. Esta es su historia, en sus propias palabras.
Por Phil Drowley
Habiendo intentado escalar el Everest en 2006 y viviendo con la decepción de haber tenido que quedarme en la zona del balcón (a 8,500 metros) y tener que dar la vuelta el día que íbamos a intentar la cumbre (puesto que me puse enfermo) cuando tan solo faltaban apenas 350 metros de escalada para la cima, esta vez me entrené especialmente duro para asegurarme de que no se repetiría esta situación.
Todo empezó en el 2000, cuando un compañero de trabajo vino a mi oficina en el cuartel de policía y me preguntó si quería hacer algo para el año 2000, me contó que había estado reuniendo un equipo para subir a lo alto del Kilimanjaro como parte de una obra benéfica. Antes de que abandonase el cuartel, me había apuntado, aún sin saber exactamente donde se encontraba el Kilimanjaro. Tardé poco en descubrir que es la montaña más alta del continente Africano. Cinco de nosotros partimos hacia aquel reto, que nos vio reunir más de catorce mil libras para la fundación benéfica Casa de amigos de Ronald McDonals de la isla de Man.
Habiendo conseguido la cima y de vuelta a casa, sabía que tenía que hacer algo más, y más desde que, cada año, he estado escalando, cada vez hemos ido un poco más lejos, un poco más alto, y habiendo escalado las montañas más altas de Sudamérica, Norte de América, Europa y África, el Everest – la montaña más alta del continente asiático y del mundo – parecía la opción más lógica. Para ver si era capaz de subir a un 8000, probé con el pico del Cho Oyu (8201m), el sexto más alto del mundo, y fue un éxito. Así que definitivamente, el Everest sería mi siguiente meta.
Teniendo en cuenta que empecé recaudando para la fundación benéfica Casa de amigos de Ronald McDonals, parecía lo correcto seguir recaudando fondos para la misma organización benéfica en esta última escalada. Además, en los últimos años he estado trabajando en esa dirección, por desgracia, muchos de mis amigos han tenido que usar instalaciones provistas por la caridad. La casa provee de alojamiento a familias de tal manera que puedan estar cerca de sus hijos en sus horas de necesidad en el hospital. No tengo una cifra final del dinero recaudado, pero parece ir bien.
Además de un entrenamiento duro, yo he tenido que buscar el dinero para esta expedición. Es caro escalar montañas (La expedición al Everest cuesta 65.000 $), por fortuna, con la ayuda del patrocinio de PokerStars, mi sueño de alcanzar la cima de la montaña más alta del mundo se convirtió en una realidad.
Comencé mi camino hacia el campamento base con dos de los componentes del equipo original que ascendió a la cima del Kilimanjaro, Keith y Kevin, algo que realmente tenía sentido, ya que fue Kevin el que me reclutó en mi oficina en el año 2000 y, supongo, era un poco el responsable de todo aquello.
Al llegar al campamento base, tras dos semanas de camino, me acomodé en mi nueva casa – una tienda para dos personas entera para mí. Cada día te levantabas profundamente enterrado en tu saco de dormir y esperabas a que el sol alcanzase tu tienda. Veías el brillo de la capa de hielo en el techo y los laterales de la tienda formados por tu respiración durante la noche. Cuando el sol alcanzaba las tiendas, el hielo comenzaba a derretirse y tenias una especie de mini ducha dentro de la tiendas mientras el hielo derretido te goteaba. Al cabo de poco rato, el sol hacía que la temperatura dentro de la tienda fuese excesiva y tuvieses que salir. Con la luz del sol golpeándote directamente tenias que asegurarte de que estabas bien protegido contra los rayos de sol que son realmente fuertes a esas alturas. Cuando llegaba la hora de comer, las nubes comenzaban a formarse alrededor del valle, lo que predecía la nevada diaria. Así que te retirabas a tu tienda, la temperatura empezaba a caer a medida que se acercaba la noche, y tu volvías a tu saco de dormir para conservar el calor. Y así era cada día que no se escalaba.
Los días de escalada nos levantábamos temprano ¡A las 4:30 am! Te obligabas a desayunar. El cuerpo no parece querer digerirlo, pero tu sabes que necesitaras la energía, de otro modo no podrás rendir. Te vistes con la ropa más caliente que puedes. ¡Hace mucho frio! Todo tu material de escalada metálico está congelado. Desde el campamento base llegas a la cascada de hielo. Es increíble. Demanda respeto y realmente se lo tienes, porque da miedo. Cuando el sol sale, te encuentras a ti mismo quitándote las capas de ropa que acumulaste por la mañana. Los sonidos surgen del hielo. Empieza a moverse lentamente acompasando tus movimientos, lo que te recuerda que tienes que seguir moviéndote. Algunos bloques, que pueden desprenderse en cualquier momento, son más grandes que una casa. Atravesamos la cascada de hielo unas diez veces, y solo hubo alguna caída de algún miembro del equipo. Las brechas en el hielo que cruzas en el hielo, son gigantes. En algunas te resulta imposible localizar el fondo, son realmente profundas. Cruzar y subir las escalas se convierte en un arte. A medida que el hielo en el que se asientan se derrite, se ‘sueltan’ más. Cuando llevas un buen montón de ellas a la espalda y la que estás cruzando se dobla a tu paso, a menudo te encuentras conteniendo la respiración y rezando para que aguante.
No hubo casi incidencias entre los campamentos uno y tres. Subir por la vía del collado sur y escalar la cara del Lhotse es siempre complicado, pero unos cuantos equipos habían salido antes que nosotros para acampar en el campamento tres y habían dejado bien señaladas las zonas de hielo más difíciles y quebradizas.
Empezamos a usar nuestros sistemas de oxigeno a partir del campamento número tres, es siempre una sensación extraña, quieres quitarte la máscara y respirar todo el aire del que sean capaz de llenarse tus pulmones, porque te sientes sin aliento. Aún así, a la llegada al campamento número cuatro, el más alto antes de llegar a la cima, notaba que me encontraba mucho mejor que en mi último intento y mi confianza en un final positivo crecía y crecía.
Decidimos lanzar el intento de alcanzar la cumbre el día 23 de Mayo para evitar a los otros equipos que estaban planeando el ascenso también, miré en dirección a la cumbre y vi que los rayos del sol ya comenzaban a rodear la cumbre. Me coloqué en mi puesto entre mis compañeros con mi linterna de cabeza enseñándome el camino, comencé a andar, nervioso pero confiado aún. Fue un trabajo muy duro coger el ritmo inicial con la sola visión de lo que pasaba bajo mis pies y el sonido de mi respiración a través de la mascara. No parecía que hiciese mucho más frio que de costumbre, pero en otras ocasiones estaba vestido de manera adecuada. A medida que subíamos más, hacia lugares más expuestos, comenzó a hacer mucho más frio, y tuve que empezar a mover los dedos de las manos y de los pies para seguir notándolos. Al cabo de un rato, mover los dedos empezó a dejar de funcionar y perdí la sensibilidad de los dedos de las manos y los pies, pero antes de que me diese cuenta habíamos llegado al balcón, el lugar en el que me tuve que volver la última vez. Casi me da un ataque de risa de la alegría, en esos momentos me sentía muchísimo mejor que la última vez.
Tras un pequeño descanso para cambiar la botella de oxigeno, encaré hacía la cima sur. Ascendimos por una cresta descubierta, lo cual permitió al viento lanzarse sobre nosotros. Sentía un frio enorme en mi cara, allí donde mi piel permanecía descubierta. Pero, de nuevo, la cima sur apareció antes de que pudiese darme cuenta y desde allí pude ver el tristemente celebre paso Hilary, que dos de mis compañeros estaban intentando subir ya. Tras mi mano a mano particular contra la roca más peligrosa de la ascensión, nada, excepto suave pendiente de nieve, me separaba de llegar a la cima del mundo a las 5am.
No podía creer a mis ojos, al encontrarme en el sitio más alto al que podía llegar nunca. Acababa de alcanzar el punto más alto en el que un hombre puede estar por su propio pie. El sol, que había empezado a mostrarse en el horizonte tal como pasamos la cima sur, empezaba ahora a revelar algunas de las vistas más increíbles del Himalaya bajo nosotros. Aún hacía un frio devastador y el viento aún soplaba fuerte. Intenté usar mi cámara, pero el frio había consumido la vida de la batería. Incluso la de repuesto, que había mantenido cerca de mi percho para mantenerla caliente durante la ascensión, había muerto tan pronto como la traté de poner en la cámara y se expuso al frio.
Por suerte, un compañero de equipo cuya cámara si funcionaba, tomó una fotografía de mi y de la bandera de la isla de Man para inmortalizar el momento en el que por primera vez, una persona de la Isla de Man tocaba techo en la cumbre más alta del mundo. Aunque había guardado esperanzas de poder pasar algo más de tiempo en la cima para disfrutarla por completo, me encontré al poco tiempo, junto con mis compañeros que habían coronado la cumbre conmigo, con la idea de volver de manera segura.
Durante el descenso tuve un pequeño momento de pánico en el paso Hilary cuando mi pié quedó atrapado en una vieja cuerda y me encontré totalmente en horizontal, sostenido por tan solo una vieja cuerda impidiendo que me cayese. Afortunadamente fui capaz de volver a mi estado vertical, y tras recomponerme, hice el resto del camino sin ningún incidente.
La experiencia al completo ha sido realmente increíble y aún no he bajado del todo a la tierra ¿Qué será lo próximo? Bueno, aún me quedan la montaña más alta del antártico y la de Australia para tener las todas las cimas de los siete continentes.
¡Solo tengo que encontrar quien me financie!