Aventuras y, sobre todo, desventuras de un charro en Varsovia

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Por Juan Manuel Pastor

Con fecha 14 de noviembre del año de gracia del 2008 después de Cristo me encamino hacia la muy noble y leal villa de Varsovia, capital de Polonia, con mi compañero de andanzas Juan Locoboy Maceiras. El objetivo del rapaz y mío propio no es otro que el de traernos para el reino de las Españas el Santo Grial, en forma de título del European Poker Tour (EPT, para los amigos). Allí nos encontraremos con otro de nuestros caballeros, Raúl el Toro Páez. Los españoles hemos ganado la Davis, la Eurocopa de fútbol, los mundiales de baloncesto, balonmano, fórmula uno, hockey, fútbol sala, waterpolo y hasta petanca; pero nunca un EPT. Asignatura pendiente, Garci dixit.

Tomamos un avión de una compañía neerlandesa llamada KLM (Kilómetros Los Más). Salimos de Madrid; escala, Ámsterdam; final de trayecto, Varsovia. Pero, criaturas que pobláis el planeta azul, ese era el plan. Subrayo era. Llegamos a la ciudad de los canales y las bombillas rojas con dos horas de retraso -también mental- y a los señorines y señorinas de KLM se les pone en el arco del triunfo dejarnos en tierra. Con gastos pagados, eso sí. Noche en Ámsterdam. Los canales, estupendos; las luces coloradas, de todo, como en botica. Retirada al hotel; madrugón y, por fin, a Varsovia. ¡Oe, oe, oe, oe, oe, oe!

Tras 27 horas de viaje de postas -y digo postas porque me dieron ganas de pillar una “recortá” y acabar en Guantánamo- llegamos. El niño Maceiras, a jugar… El menda lerenda lo haría al día siguiente, cosas de los sorteos. A Locoboy le dan el matarile antes de que caiga el sol. Al Toro lo dejan en vaquilla y lo mandan al corral. Ellos, buenos amigos y malos compañeros, me enredan -cosa nada difícil- junto con un grupo de Spanish para una razzia por la noche de Varsovia. El campeón de la “madrugá”, un palentino, Jorge Mena. No acudió al torneo, sino a apoyar a un colega, pero nos derrotó a todos. Decido retirarme en un local donde la densidad de “colgaos” por metro cuadrado era "demasié" para mi casto body. Por cierto, antes nos colamos en una fiesta Erasmus para españoles donde me dicen que si soy el decano… Me han “pillao”. Tendré que empezar con la crema antiarrugas; mejor, con el gerovital de la doctora Aslan.

A la piltra y a descansar, que por el momento ya hemos hecho bastante el ridículo. Llega mi primer día de competición y paso el corte con la media de puntos. Bueno, seguimos vivos. Directo al bar del hotel a relajarme con un par de garimbas. Mientras, tres lumis hacen su agosto en noviembre con el que se acerca a la tela de araña que tienen tejida. Predominan los escandinavos -será por el final del gentilicio-. Al sobre, que mañana, más.

La jornada no comienza ni buena ni bonita ni barata. Me toca una mesa terrorífica con dos brazaletes de las World Series of Poker (WSOP) y tres títulos del EPT. Aquí van los nombres para los incrédulos: Sebastián Ruthenberg, Roland de Wolfe, Marty Smyth y Mark Teltscher. Al final, paso el día: quedamos 24 de los 217 inscritos. Además, voy sexto en fichas. ¡Olé!

Son las diez de la noche y me piden jugar un mus. ¿Una corta? Hecho. Con la sapiencia e inestimable ayuda de mi compañero Julio vapuleo a Locoboy y Moisés, un chaval de Valladolid que también estaba entre los supervivientes del campeonato. Al texas hold´em puedo perder, pero al mus no ha nacido de mujer quien me moje la oreja.

Y llega el día nefasto. Voy como un cohete, y un galo, de cuyo nombre no quiero acordarme, se juega en seco todas sus fichas (55.000) para ganar las apenas 5.000 que hay en el centro por las apuestas obligadas. Miro mis naipes y tengo dos ases, la mejor mano de inicio en texas hold´em. Oui, monsieur, veo. El pollo agacha el pico y enseña 8-2. Repito, ¡8-2! La señora estadística asegura que venceré 89 veces de cada 100; pero la diosa Fortuna dice que esa vez se lo lleva el gabacho. El vidente coge full y pierdo la mitad de mis puntos. Solicito al jefe de sala un revólver. Amablemente, me dice que no es posible. “No es para el francés, es para pegarme un tiro yo”. “En ese caso, lo miramos”. Manda huevos, Trillo dixit.

Sigo en la pelea, pero un cruce de pareja de damas contra as y rey me sale rana: el as que asoma en las cartas comunes me deja en coma. Luego, me desconectan y muero. A la calle el 17º. En premios, sí; mas estuvo tan cerca.

Moisés acaba el 14º. Otra vez nos quedamos sin Santo Grial. Estoy hecho puré: tres días a una media de 12 horas brutas, brutísimas de juego. Mi amigo Raúl Páez tiene una idea de las suyas: nos vamos a cenar a un mexicano en Varsovia. Uno pide paella y se la traen con lentejas. Hasta aquí he llegado. Para qué seguir. Como dijo Douglas MacArthur: “Volveré”. Por cierto, saben que respondió su mujer: “No antes de las diez, querido, no antes de las diez”.








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This page contains a single entry by PokerStars published on 2 de Diciembre 2008 11:37 AM.

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